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Luz Portilla
Luz Portilla
Mayo 9, 2019

Orígenes del perfume
Publicado: Mayo 9, 2019

 

Aunque los orígenes del perfume son inciertos, los babilonios ya lo usaban para bañarse y los griegos perfeccionaron técnicas heredadas del antiguo Egipto.

Los egipcios maceraban plantas aromáticas en aceite, escurriéndolo a través de un paño, o bien, sumergiendo pétalos de flores en una grasa que conservaba la fragancia. En la tumba de Tutankamen se encontró un frasco de perfume que, 3 000 años después, aún conservaba su aroma.

Los romanos eran fanáticos de los perfumes; usaban diferentes fragancias para sus cuerpos, ropa, casas, mascotas y hasta ejércitos completos, cuando regresaban victoriosos.

Los mayores avances en perfumería se deben a los árabes. Además de desarrollar una técnica para destilar plantas en grandes cantidades y destinar amplias zonas para el cultivo de flores, descubrieron nuevos y poderosos ingredientes aromáticos.

Destaca el almizcle, una sustancia que secreta el oso almizclero y que es tan penetrante que un solo gramo puede aromatizar cientos de miles de metros cúbicos.

La perfumería árabe fue descubierta por los europeos durante las Cruzadas y surgió la demanda por aquellas maravillosas fragancias. La perfumería europea comenzó en el siglo XVI, cuando Catalina de Médicis llegó de Italia para casarse con el futuro rey de Francia e impuso la moda del perfume en París.

Los antiguos mexicanos no conocían los perfumes, pero en cambio tenían la costumbre de bañarse diariamente. Quien impulsó el uso del perfume en nuestro país fue la emperatriz Carlota, esposa de Maximiliano de Habsburgo.

Con el tiempo, se descubrieron más aceites esenciales de plantas e ingredientes de origen animal, aunque a veces su extracción era lenta y costosa.

Durante la era industrial del siglo XIX se desarrollaron las fragancias sintéticas, que permitieron la producción de perfumes a gran escala. Al bajar sus costos, su uso se popularizó.

A principios del siglo XX, los productores de perfume comenzaron a vincularse con importantes diseñadores de artículos de vidrio. Los primeros frascos fueron diseñados por Baccarat, para los perfumes Mitsouko y Shalimar de Guerlain.

El modisto Paul Poiret tuvo la idea de sacar al mercado una línea de ropa junto con sus perfumes. En honor a su hija, bautizó a sus perfumes como Les Parfums de Rosine.

En 1921 le siguió Coco Chanel y su legendario N.º 5, cuya fragancia fue creada por Ernest Beaux. La compañía de Brosse diseñó su frasco, uno de los más famosos y perdurables.

En 1947, Christian Dior creó su casa de alta costura y su perfume Miss Dior. Ese mismo año aparecieron las primeras fragancias de Nina Ricci y Balenciaga.

En los 50 se sumaron grandes nombres como Givenchy, Pierre Cardin, Courregès, Yves Saint-Laurent, Guy Laroche, Paco Rabanne y Hermès.

Actualmente, la mayoría de los ingredientes de un perfume son químicos que le dan fragancia, mejoran y hacen más compatibles las esencias, induciéndolas a perdurar.

Las sustancias que permiten esto se llaman fijadores. Pese a los avances de la química, aún no se ha inventado ningún fijador sintético tan potente y efectivo como los de origen animal.

Entre las plantas y aceites más usados en la perfumería, destacan: bálsamo, bergamota, naranja amarga, jazmín, lavanda, limón, mirra, pachuli, rosa, sándalo, vainilla, vetiver, violeta y ylang-ylang, una planta del sur de Asia.

Los perfumistas trabajan únicamente con su olfato. Teniendo a su disposición miles de aceites esenciales o sintéticos, crean mezclas muy elaboradas.

Casi todos trabajan para grandes empresas, ya que la cantidad de ingredientes utilizados requiere de una infraestructura industrial para su adquisición, almacenaje y control de calidad.

La mayoría de los perfumes contiene entre 50 y 100 ingredientes, aunque pueden llegar hasta 200. Los años de experiencia les permiten a sus creadores encontrar un estilo propio.

El negocio de las fragancias se extiende a la fabricación de cremas, jabones, detergentes, desodorantes, limpiadores y aromatizantes para alimentos, para hacerlos más apetitosos. Las narices de los perfumistas son muy cotizadas en estas industrias.

Existen perfumes para todos los gustos y presupuestos. Al comprar uno, los expertos recomiendan probarlo sobre la piel, porque una misma fragancia puede oler diferente en cada persona.

Hay que evitar hacerlo tras haber ingerido comida muy condimentada o realizado mucho ejercicio, estar deprimidos, convaleciendo de alguna enfermedad y después de fumar. Todo esto influye en el aroma de la fragancia y su apreciación.

Nunca hay que comprar perfumes “piratas”; las imitaciones carecen de fijador, el ingrediente más caro, por lo que se evaporan casi de inmediato.

El perfume dura más si se aplica en zonas donde se distingue el pulso, como las sienes, las muñecas, el interior de los codos, las clavículas, el ombligo y detrás de las rodillas. ¡Detrás de las orejas no! Según los expertos, en dicho punto se evapora más rápidamente el alcohol.

Un perfume, aunque sea pequeño, es un excelente regalo para el próximo Día de las Madres.

Investigación y guión: Conti González Báez