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Julio 23, 2019

Recordando la poesía de Emma Godoy
Publicado: Julio 23, 2019

Emma Godoy se preocupó por dignificar la vejez en su poesía, así como la vida de esas personas llenas de historias, experiencia y sabiduría y que en cierto momento la sociedad mexicana marginaba cada vez más.

Además, su producción se caracteriza por una profunda religiosidad; una buena parte de sus escritos se rigen bajo esta perspectiva.

Sus contemporáneos la consideraron como una autora de amplia cultura, cuya obra abarcó diversas disciplinas: literatura, ética, estética, arte e historia.

Para conocer a fondo la sensibilidad de sus letras letras, te presentamos dos de sus mejores poemas.
 
Cuando se siente el auténtico amor

El amor sólo se da en hombres y mujeres mentalmente maduros.
Es un temple de ánimo que requiere una personalidad muy sólida,
muy consciente, muy responsable.
Así que ni aún muchas personas mayores suelen experimentarlo,
pues no basta tener edad cronológica suficiente, hay que tener edad
mental completa. 
No te fíes por lo tanto de un sentimiento que parece amor, pero que
tan solo es su caricatura, y que se te marchitará cualquier día de éstos.
En la adolescencia todos hemos creído estar enamorados, pero han
sido sólo espejismos.
Para saber amar es necesario que aprendas a hacerlo tú mismo, es tu interior, en
tus sentimientos. Imagina siempre que llevas el amor
como un perfume para la persona que será tuya, para la persona que
esperas …
No frustres tu anhelo de amor con amoríos. Nada tan enemigo del
amor como los “amores”. El corazón se malgasta, se desperdicia, se
pudre. No eches a perder tu corazón si es que quieres llegar a ser
feliz algún día por amor.
Hazlo madurar en tu interior, esperando sólo a una persona. Reflexiona,
se responsable, razona y siente; siente la verdadera escencia de
lo que es, para que mañana sea y puedas vivir el significado de ese
sentimiento maravilloso.

 

Sinfonía litúrgica II

En el atrio los árboles arpegian

sus somnolientas arpas

y las aves sencillas

pintan un fondo de aguas

al caramillo alegre

del divino Pastor de la parábola.

Arde el templo a la voz del caramillo.

Es todo el templo casa

de oro, por Ti, Pastor, Verbo del Padre,

que tuviste nostalgias

de una oveja perdida.

Por ti, rescatador de la esperanza,

las agudas trompetas

acribillan luceros con sus lanzas

sacudiendo la vida:

¡Toda carne será resucitada!

Y responde en lo alto desprendida de arcángeles,

de  Tronos, de Virtudes –polifonía de alas,

contrapunto celeste-.