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Febrero 5, 2020

Oscar Wilde
Publicado: Febrero 5, 2020

Oscar Fingal O’Flahertie Wilde nació el 16 de octubre de 1854 en Dublín, Irlanda del Norte, en el seno de una familia acomodada. Su padre fue el científico y destacado médico Sir William Wilde, especialista en el oído, considerado el padre de la otología moderna. También escribió libros sobre arqueología y folklore. 

Su madre fue la escritora, feminista y activista política Lady Francesca Jane Elgee, que escribía poemas bajo el seudónimo de “Speranza” y era especialista en mitos celtas. Poseía un fuerte temperamento y una gran imaginación, que heredó su hijo. 

Oscar fue obligado en la infancia a vestir como nena, una costumbre bastante extendida en la época, en imagen sustitutiva de su hermanita muerta a temprana edad. 

En el colegio, sus compañeros lo llamaban Cuervo gris. Como no le gustaba jugar ni era afecto a los deportes, se pasaba el día leyendo a los escritores clásicos. Casi no tenía amigos. 

De joven participaba en las reuniones literarias organizadas por su madre, una mujer culta y extravagante cuya influencia resultó decisiva. El salón de los Wilde era el más apreciado de Dublín. 

Oscar llamaba la atención por su personalidad refinada, vestimenta rebuscada, conversación brillante, actitud agresiva y agilidad intelectual. Conquistaba, desconcertaba e incluso ridiculizaba a quienes le rodeaban. 

Estudió en el Trinity College de Dublín y a los 20 años fue premiado con la medalla de oro Berkeley por sus conocimientos del griego clásico. Recibió una beca para estudiar en la Universidad de Oxford, donde destacó en el estudio de los clásicos y ganó el prestigiado Premio Newdigate de poesía, por su poema “Ravenna”. 

A la muerte de su padre, Oscar Wilde recibió una herencia que dedicó íntegramente a un viaje por Italia y Grecia. En ambos países reafirmó su gusto por todo lo antiguo. De vuelta en Londres, escribió algunos poemas que fueron publicados en varios periódicos y revistas, reunidos en 1881 en su primer libro. 

Al año siguiente, emprendió un viaje a Estados Unidos, donde ofreció una serie de exitosas conferencias sobre su teoría de la filosofía estética, que defendía la idea del “arte por el arte” y a la belleza como un valor en sí misma. 

Sentó las bases de lo que posteriormente se llamó dandismo o cualidad de dandyhombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono. Fue algo escandaloso en una sociedad que se enorgullecía de producir objetos útiles. 

A su regreso hizo lo mismo en universidades y centros culturales británicos, donde fue excepcionalmente bien recibido. También lo fue en Francia, país en el cual entabló amistad con André Gide, Paul Verlaine y otros escritores de la época. En París adquirió una gran fama, pero más por su personalidad que por su obra literaria. 

Más tarde se estableció en Londres, donde rápidamente se convirtió en una figura pública. Se caracterizó por su vestimenta siempre a la moda y con ciertos toques extravagantes, como llevar el pelo largo y usar pantalones de montar de terciopelo. 

La trasgresión de las austeras normas imperantes fue una constante en su vida. Convirtió el estilo bohemio de su juventud en una filosofía de vida y vivió en forma coherente con sus postulados. 

Dirigió El mundo de la mujer, revista de marcada tendencia feminista, publicando textos en abierta defensa del socialismo. Sus opiniones políticas, como irlandés y heredero de la poderosa influencia de su madre, lo hicieron sostener en varios ensayos que la sensibilidad y profundidad de los celtas no tenían por qué estar sometidas a la frivolidad y el burdo sentido práctico de los teutones. 

Esto lo enemistó con la critica literaria londinense, comprometida con la infalibilidad del proyecto burgués de civilización del imperio británico, al que todos los pueblos del planeta le merecían incondicional entrega. 

Oscar Wilde se casó a los 30 años con la hermosa y encantadora Constance Lloyd, hija de un rico abogado de Dublín, con la que tuvo dos hijos varones, Cyrill y Vyvyan. A partir de entonces, se dedicó exclusivamente a la literatura. 

Pasaron una época de dificultades económicas, hasta que empezó a ganar dinero con sus obras. Pese a tenerle un gran afecto, el escritor no hizo feliz a su mujer, por lo que el matrimonio duró muy poco tiempo. 

Entre sus primeras obras están algunos cuentos infantiles dedicados a sus hijos, como El príncipe feliz y El gigante egoísta. Son tristes, conmovedores y aleccionadores; predomina en ellos la crítica social y la ironía más sutil. 

Después siguieron sus relatos El crimen de Lord Arthur SavilleEl ruiseñor y la rosaEl fantasma de Canterville y su famosa novela El retrato de Dorian Gray, una historia sobre la decadencia y corrupción del protagonista. 

Aunque en el sorprendente final el autor defiende la lucha contra la degradación moral, los críticos de su tiempo lo consideraron un inmoral. 

También incursionó en el teatro y triunfó con sus comedias en Nueva York, Londres y diversos escenarios europeos. Entre ellas están El abanico de Lady WindermereLa Importancia de llamarse Ernesto y Salomé, escrita en francés para que la estrenara la reconocida actriz Sarah Bernhardt en París. Posteriormente, el compositor alemán Richard Strauss compuso una ópera homónima basada en ella. 

Debido a su aspecto latino, nacionalidad irlandesa y vida bohemia, Oscar Wilde fue rechazado muchas veces por la sociedad de su época, especialmente por los aristócratas círculos literarios, pero su ingenio y talento le hicieron ganar innumerables admiradores. 

El éxito lo acompañaba, sus libros encantaban y sus obras teatrales generaban expectativa en toda Europa. Fue entonces cuando lo retrató Toulouse-Lautrec y el escritor escuchó los últimos aplausos. 

A pesar del éxito literario y quizás debido a él, Oscar Wilde entró en una etapa que muchos de sus contemporáneos calificaron de decadencia moral, durante la cual fracasó su matrimonio. 

Su persona, ideas, emociones, gustos y hasta sus gestos no encajaban en el esquema victoriano. Definitivamente, su existencia era considerada subversiva. 

Su vida se complicó principalmente a causa de un juicio por injurias que el propio escritor entabló en contra del Marqués de Queensberry. 

El juicio se volvió contra él y, en la cima de su carrera, se convirtió en la figura central del más sonado proceso judicial del siglo XIX, que escandalizó a la Inglaterra victoriana. 

Wilde, que había mantenido una relación amorosa con el joven Lord Alfred Douglas, fue acusado por el padre de éste, el Marqués de Queensberry, por homosexualidad y aberraciones sexuales. 

En el juicio celebrado en mayo de 1895, Wilde fue declarado culpable de sodomía y condenado a dos años de trabajos forzados. Perdió fortuna y familia; muchos de sus amigos le dieron la espalda. 

Para entender la saña y brutalidad con que se le reprimió y aniquiló, su homosexualidad y sus ideas socialistas fueron los dos ingredientes definitivos para que todo el peso del canon disciplinario victoriano le cayera encima. 

Sabiéndose ya condenado a la cárcel pudo haber huido, pero se lo impidió el dueño del hotel donde se albergaba, a quien le debía una cuenta considerable. 

El escritor se vio obligado a cumplir por entero la pena. Las numerosas presiones y peticiones de clemencia efectuadas por sectores progresistas y desde los más importantes círculos literarios europeos no fueron escuchadas.  

En la cárcel de Reading escribió De rofundis, una extensa carta de arrepentimiento por su pasado estilo de vida y todo el tiempo perdido al lado de Bosie, como apodaban a Lord Alfred Douglas. Esta obra fue publicada en forma póstuma por uno de sus hijos. 

Cumplida su condena, Oscar Wilde salió de la prisión arruinado material y espiritualmente. Se exilió marchándose a Francia, bajo el nombre falso de “Sebastian Melmoth“. 

Poco después de salir libre escribió La balada de la cárcel de Reading, en la que retrató la dureza de la vida en la prisión y la desesperación de los presos, con un lenguaje bello y cadencioso. 

Pasó el resto de su vida en París, viviendo su destierro con amargura y gracias a la ayuda desinteresada que le brindaron unos pocos y fieles amigos, pero no lo pudo resistir. 

Dos años después de haber salido de la cárcel, el 30 de noviembre de 1900, murió de meningitis en el Hotel D´Alsace, en absoluta pobreza, tras ser bautizado por el rito de la Iglesia Católica. 

Tenía 46 años. Fue acompañado por unos pocos amigos. Sus restos fueron enterrados en Bagneaux y más tarde trasladados al cementerio de Père Lachaise en París. 

Oscar Wilde es uno de los escritores más brillantes de la literatura universal. Capaz de vivir siempre en los límites, su genialidad lo empujaba a destruir barreras sociales y políticas. Fue creador de una estética y un personaje que le llevó la vida. 

La sociedad de su tiempo lo excluyó y condenó al ostracismo, pero hoy en día la calidad del autor se ha impuesto y sus pretendidos pecados no son ya motivo de reprobación ni escándalo. 

En el año 2000, el centenario de su muerte fue conmemorado con cientos de exposiciones, estrenos teatrales, actos académicos, artículos y publicaciones en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, así como en muchos otros países del mundo. 

En México, el escritor irlandés fue homenajeado en el Palacio de Bellas Artes, donde la Sala Ponce fue insuficiente para albergar a sus admiradores, que debieron presenciar la conferencia a través de monitores externos al recinto. 

Sus libros y su teatro continúan vigentes, lo que significa que él sigue entre nosotros y es lo único que importa. Hoy recordamos una irónica frase de Oscar Wilde, que sigue siendo de gran actualidad: “La tierra es un teatro, pero tiene un reparto deplorable”. 

 Investigación y guion: Conti González Báez