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Luz Portilla
Luz Portilla
Marzo 4, 2019

Orígenes del Carnaval
Publicado: Marzo 4, 2019

Antes de la Cuaresma, el Carnaval permite a la gente romper sin pudor con cánones morales, recurriendo a disfraces, música, bailes, desfiles y juegos.

Es una de las festividades más populares en muchos países cristianos, principalmente católicos, donde los festejos duran una semana o más.

Tradicionalmente se celebra durante tres días, llamados carnestolendas. Son los anteriores al Miércoles de Ceniza, cuando comienza la Cuaresma en el calendario cristiano.

Son antecesoras remotas las fiestas de la Antigüedad conocidas como bacanales en honor a Baco, dios del vino, así como las saturnalias dedicadas a Saturno, dios de la siembra y la cosecha. Su origen también puede rastrearse hasta los festejos que se realizaban en honor del buey Apis en Egipto.

La palabra Carnaval proviene de aquella época. Durante las bacanales, a Baco se le cantaba el ditirambo, que es una alabanza excesiva; los integrantes del coro se disfrazaban de sátiros y al frente iba el sacerdote del dios, conduciendo un barco sobre ruedas llamado carrus navalis, que significa carro naval; los romanos pronunciaban car navalis.

Otras versiones explican que proviene del latín medieval carnelevarium, que significaba quitar la carne y se refería a la prohibición religiosa de consumir carne durante la Cuaresma. Su sinónimo carnestolendas es la abreviación de la frase carnes tollendas o “el domingo antes de quitar la carne”.

La llamada fiesta de la carne, en la que el pueblo literalmente se hartaba de comerla, finalizaba al iniciar la Cuaresma, que simboliza los cuarenta días en que Jesús guardó ayuno y abstinencia.

En la Edad Media, con la iglesia tan inflexible en los ayunos y abstinencias de Cuaresma y persecuciones a quienes no respetaban las normas religiosas, tuvo gran auge el Carnaval, tradición que sigue vigente en muchos lugares del mundo.

Desde entonces se celebraba con juegos, bailes y diversiones, así como abundante comida y bebida, con el fin de enfrentar la abstinencia con el cuerpo fortalecido y bien preparado.

La costumbre de usar máscaras viene de Egipto y Grecia. El antifaz moderno es un vestigio de las fiestas de Baco y Cibeles. La ciudad de Venecia adoptó la careta, como símbolo de alegría. También se utilizó para guardar el incógnito, tener impunidad en venganzas y conspiraciones, así como facilitar romances y amoríos.

Durante el reinado de los Reyes Católicos, en España ya era costumbre disfrazarse para gastar bromas en lugares públicos. En 1523, Carlos I dictó una ley prohibiendo los enmascarados; Felipe IV restauró el esplendor de las máscaras.

Los romanos se divertían tirando confites de menta, rosa o anís a los transeúntes; en Venecia los jóvenes se arrojaban flores. El papel picado tuvo su origen en una imprenta de París. Un obrero que perforaba pliegos de papeles de colores juntó los circulitos sobrantes y se los regaló a su hijo.

El obsequio causó sensación entre los niños, pero también encantó a los adultos, quienes comenzaron a encargarle bolsitas de papel picado o confeti para arrojarlo durante los días de Carnaval.

También es tradicional el uso de serpentinas, espuma y globos de agua. En otras partes, los jóvenes se divierten arrojando huevos con harina o polvo de añil, para manchar de azul la cara de los demás. En Nueva Orleans, se lanzan collares de fantasía.

En la antigua Roma se rendía culto a Momo, hijo del sueño Hipnos y la noche Nix. Según la leyenda, era el dios de las burlas, los chistes y las bromas.

Sus agudezas y mímica grotesca divertían a los dioses del Olimpo. Con sus comentarios sarcásticos, corregía a hombres y dioses. Momo personifica la crítica jocosa y la burla inteligente.

Considerado protector de escritores y poetas, se le representa vestido de arlequín, con una máscara y acompañando por un palitroque o palo pequeño y tosco con una cabeza de muñeco, símbolo de la locura.

Los carnavales más famosos son los de Niza, Turín, París, Nápoles, Florencia, Venecia y Río de Janeiro. Poco a poco, todos fueron transformándose en espectáculos turísticos, dejando atrás la parte espiritual que dio origen a su celebración.

Otros carnavales tradicionales son los de Santa Cruz de Tenerife en España, Barranquilla en Colombia, Santo Domingo en República Dominicana y el Mardi Gras o Martes Gordo de Nueva Orleáns en Estados Unidos.

En nuestro país, destacan las fiestas de Carnaval en Mazatlán y Veracruz. Comienzan con la quema del mal humor y la coronación de la reina y el rey feo. En la actualidad, no pueden faltar los conciertos y bailes amenizados por artistas de moda.

El Carnaval está en pleno apogeo en muchos lugares del mundo y culminará el próximo Miércoles de Ceniza, cuando tradicionalmente se entierra a un muñeco que representa al Carnaval, dando inicio a la Cuaresma.

Investigación y guión: Conti González Báez