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Septiembre 21, 2019

Historia del telar
Publicado: Septiembre 21, 2019

El arte de tejer consiste en la técnica de entrelazar hilos y entrecruzarlos de forma ordenada. Un instrumento fundamental, común a todas las culturas desde los tiempos más antiguos, es el telar rústico. Se trata de una máquina que elabora un tejido a partir de hilos. 

Básicamente, se coloca un grupo de hilos en forma vertical, manteniéndolos tensos; su nombre es urdimbre. A continuación se teje con otro grupo de hilos en posición horizontal, llamado trama. 

El telar tiene un mecanismo que permite abrir los hilos de la urdimbre y dejar pasar el hilo de la trama. Se utilizan dos varillas que, metidas en la urdimbre, permiten separar los hilos pares e impares en dos partes iguales, dejando un espacio para pasar el hilo de la trama. El espacio entre las dos capas de la urdimbre se llama calada. 

Existen dos tipos de telares: el móvil o de cintura y el fijo, en sus dos modalidades: vertical u horizontal. El primero es el más primitivo, usado por muchos pueblos de la Antigüedad y que aún perdura en países como México, Perú e India. 

El telar de cintura consiste en dos barras paralelas. Su extremo superior se ata con una cuerda a un árbol o poste y el inferior alrededor de la cintura de la persona tejedora, que sostiene tensa la urdimbre estirada entre ambas barras. 

Una varilla de cruce separa los hilos pares de los impares y manualmente, mediante una larga aguja, va pasando el hilo que forma la trama. 

El telar fijo tiene una armadura estable en forma de paralelepípedo, vertical u horizontal; sostiene otra central que es móvil, con dos rodillos giratorios entre los que se extiende la urdimbre; el inferior enrolla el tejido, mientras el superior va soltando hilo. 

Algunos telares antiguos, como los griegos y romanos verticales, mantenían los hilos de la urdimbre tirantes añadiéndoles pesas en su parte inferior. 

Tanto en el telar fijo vertical como en el horizontal, la lanzadera o portadora del hilo de la trama se pasa entre los hilos de la urdimbre, formando el tejido. 

En el horizontal, los pedales sirven para mover los hilos de la urdimbre, facilitando con los pies la labor, que en el vertical es exclusivamente manual. 

El telar artesanal puede producir tejidos tanto gruesos como muy finos, desde las pesadas alfombras de lana hasta los damascos de seda, pero siempre se sigue el mismo principio: tejer una trama en una urdimbre, previamente colocada sobre el telar. 

En los tiempos neolíticos el hombre aprendió a entrelazar fibras vegetales para formar rústicos tejidos, que más tarde embelleció mediante el teñido y el estampado. 

Hace aproximadamente 7 000 años, en las nacientes civilizaciones ya se conocían el cardado y el hilado mediante husos. Retorciendo y humedeciendo las hebras, el tejedor formaba un hilo largo y resistente a la tensión. 

Desde tiempos remotos, en el norte de Europa y la India se trabajaba el cáñamo. Los países mediterráneos tuvieron grandes maestros en el arte de hilar, teñir y tejer la lana de las ovejas. 

En Asia, la antigua China producía seda; en América, los pueblos indígenas sabían aprovechar la lana de las alpacas y las flores de algodón. 

La idea de entretejer hilos horizontales y verticales, tal como se hacía con el mimbre y la paja en la fabricación de canastos, dio nacimiento al telar, instrumento que se remonta a la Antigüedad. 

Fue utilizado en China y Oriente Medio, siendo perfeccionado por los egipcios y mantenido sin variaciones hasta llegar a Europa en la Edad Media. 

La seda natural se comenzó a hilar y tejer en China hace 5 000 años. Esta técnica, muy depurada entre los pueblos orientales, condujo a la realización de un sinfín de motivos para los vestidos y dio lugar a tapicerías como las de los gobelinos, tapiceros que estableció el rey de Francia Luis XIV en la fábrica de tejidos fundada por Gobelin. 

Las más delicadas incluían 22 hilos de trama por centímetro; en los Kosseus, tapices chinos exclusivamente hechos en seda, podía haber hasta 116 hilos. 

A finales del siglo XVI, Europa empezó a producir seda, con el cultivo del gusano llegado de China. Los tejedores la utilizaron para tejer damascos, para los que antes utilizaban el algodón o el lino. Los damascos de seda son llamados brocados. 

La difusión de ruedas hidráulicas y molinos de viento trajo consigo una progresiva mecanización del hilado artesanal. En 1350 apareció la primera máquina de hilar, muy rústica y origen del posterior torno de hilar, que apareció dos siglos después. 

Los tejedores consiguieron un método más rápido para conseguir hilo que el hasta entonces utilizado, de forma manual mediante ruecas y husos. 

La urdimbre de los telares necesita ser cargada con muchos metros de hilo, por lo que la aparición de la primera máquina de hilar supuso una importante mejora. 

El hilo se vendía más barato y las personas que vivían lejos de los mercados de las ciudades tuvieron la posibilidad de tener un telar en su casa y confeccionarse sus propias ropas. Aparecieron los primeros telares domésticos en pueblos y aldeas. 

De países lejanos llegaron a Europa artesanos cargados de conocimientos, herramientas y secretos. Los orientales llevaron el camelino, tejido con pelos de camello; los árabes sus técnicas para teñir los hilos. El arte de los telares se enriqueció y proliferó la producción de finos y complicados damascos para la nobleza. 

A fines del medioevo, eran famosas las bellas telas de Florencia, Luca y Prato en Italia, los linos de Flandes y las lanas inglesas. Las ciudades italianas importaban lana de Inglaterra y fabricaban maravillosos paños; los artesanos venecianos y genoveses se distinguían por la fabricación de sedas labradas, brocados y rasos. 

Poco después surgieron las primeras máquinas, en respuesta a la necesidad de mecanizar el hilado y el tejido. Los trabajadores independientes que hasta entonces utilizaban su devanadera casera tuvieron que convertirse en obreros, porque no podían costear las complejas instalaciones. 

Así nació la industria textil en Inglaterra, que creció a pasos agigantados después de que John Kay inventó la lanzadera volante o telar semiautomático en 1733. 

En el siglo XVIII, nuevas hiladoras automáticas desplazaron casi por completo la fuerza y habilidad humanas en el procedimiento textil. Pronto aparecieron el telar hidráulico, la utilización del vapor y el telar mecánico. 

El descubrimiento de la ficha o tarjeta perforada, para dar órdenes a la máquina y planificar el diseño, abrió el camino a la automatización. 

El XIX fue el siglo de la mecanización, cuando apareció el primer telar automático y disminuyó el interés por las cosas hechas a mano. Sin embargo, hasta la fecha, el telar manual sigue siendo de uso cotidiano en muchos países, como el nuestro. 

El hilado y el tejido son artes mayas ancestrales, registrados por los escribanos en las estelas precolombinas. La visión maya del cosmos tiene a las tejedoras del telar de cintura como figuras importantes y las muestra como madres de la creación. 

Para las mujeres mayas, tejer es una metáfora del nacimiento y la creación: los bastidores son llamados cabeza, corazón y pie. El telar se amarra a un poste o árbol, símbolo de la deidad madre en el centro del universo, con una cuerda llamada cordón umbilical. 

A la parte superior del telar se le conoce como la cabeza del tejido y a la inferior como el trasero. La lanzadera son las costillas; los hilos de la urdimbre, que pasan por el corazón, se llaman sustento. 

El movimiento de abrir y cerrar el telar es como el latido del corazón. El balanceo de la tejedora al mecer su cuerpo representa las contracciones del parto. 

Los tejidos americanos surgieron por lo menos hace 4 500 años. Se distinguen por su intenso colorido y la personalidad de sus motivos, geométricos o animales. 

En la antigua Mesoamérica, los artistas no solo utilizaban algodón blanco, sino también el coyuchi, de color café. Durante el siglo XVI, los colonizadores españoles introdujeron la lana y la seda. Actualmente se utilizan los tres tipos de fibras. 

Los tintes naturales se han utilizado para teñir hilos desde la época prehispánica y los métodos tradicionales siguen vigentes. La cochinilla se utiliza para obtener el rojo profundo y los caracoles de mar para el púrpura. El amarillo se obtiene de los sarmientos del zacatlaxcalli, el negro del carbón y el azul de las plantas de añil. Actualmente también se utilizan tintes comerciales. 

El telar de cintura lo utilizan principalmente las mujeres de comunidades indígenas donde los trajes tradicionales aún son hechos a mano, de algodón y lana. Además se han desarrollado técnicas para tejer el brocado, que exige un trabajo muy arduo. 

El telar de pedal, instrumento originario de España, permite tejer paños de lana más anchos. Se usa para confeccionar chales, gabanes, sarapes, ponchos y tapices. 

En los países industrializados se sigue utilizando el telar manual para tejer telas artesanales, principalmente tapices que se usan en decoración, colgados o enmarcados. 

El tapiz es un tejido decorado con escenas multicolores, cuyo dibujo se integra en el mismo, de manera que se va formando al tiempo que el propio tejido. 

Las figuras o escenas se copian de un modelo o cartón pintadoque le sirve el tejedor como guía para confeccionar el tapiz. En ocasiones, el tejedor pinta sus propios diseños. Su confección es una labor manual muy lenta. 

Se usan dos tipos de telares. El más simple es el de alto lizo; la urdimbre se dispone verticalmente, carece de pedales y la labor se realiza por el reverso de la pieza, por lo que el tejedor coloca delante un espejo para comprobar la marcha del trabajo. 

El cartón se sitúa detrás y, como guía, se trazan los contornos generales del dibujo en la urdimbre. El artífice va levantando con una mano los hilos de esta y con la otra pasa los de la trama. 

El de bajo lizo dispone la urdimbre de forma horizontal, sus hilos se separan mediante pedales y el tejedor tiene las manos libres para trabajar con la trama. El cartón se sitúa bajo la urdimbre y se trabaja directamente sobre el modelo. Esta técnica es más rápida, pero los resultados no igualan a los del telar de alto lizo. 

Los materiales empleados en la confección de tapices son algodón, lana, seda y lino. Dada su excelente resistencia a la tensión, el algodón se utiliza tanto en la urdimbre como en la trama. 

Se suele llamar “hilo” a toda mezcla de materias que proporciona algo muy fuerte y fino. Existe hilo hecho con una mezcla de algodón, acrílico y poliéster. El color que se le da no se destiñe y la prenda no encoge. 

Existen distintos tipos de lana, en función de su origen; puede ser de oveja, alpaca o camello y existe una inmensa variedad, tanto de colores como de texturas. 

El lino es un material algo rígido, pero un hilo noble que se usa en la trama, sobre urdimbre de algodón. La seda natural es un material muy fino, difícil de tejer; los resultados son sutiles y delicados. 

Los artesanos crean tapices llenos de imaginación. Alterando la secuencia con la que se levantan o bajan los hilos de la urdimbre, logran diferentes dibujos y texturas. El resultado es espectacular, consiguiendo efectos de luz, color y movimiento sorprendentes. 

 Investigación y guion: Conti González Báez