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Febrero 27, 2019

Galileo Galilei, el hombre del renacimiento
Publicado: Febrero 27, 2019

Galileo Galilei nació el 15 de febrero de 1564 en Pisa, Italia. Fue hijo del reconocido músico florentino Vincenzo Galilei, destacado ejecutante y teórico musical, y de Giulia degli Ammannati, originaria de Pescia. La familia pertenecía a la nobleza, pero no era rica.

Fue el mayor de siete hermanos. Desde temprana edad tuvo una formación rigurosa, alejado de sus familiares. Cuando tenía ocho años, sus padres se trasladaron a Florencia; Galileo permaneció en Pisa al cuidado de Muzio Tedaldi, pariente de su madre.

Dos años más tarde fue inscrito en el monasterio de Vallombrasa, donde profesó como novicio, para estudiar Humanidades. A los 14 años continuó sus estudios en la casa paterna, con un ambiente artístico, especialmente musical. En esa época a Galileo le atraía la idea de seguir la carrera de pintor.

Su padre prefería que fuera médico y a los 17 años entró a estudiar Medicina en la Universidad de Pisa. El joven se interesó más por las enseñanzas de Filippo Fantoni, profesor de Matemáticas.

Mirando la oscilación de una lámpara en la catedral de Pisa, realizó las observaciones que lo llevaron a descubrir el isocronismo del movimiento pendular.

Los cursos que impartió Ostilio Ricci sobre Geometría terminaron por definir la vocación de Galileo, quien a los 21 años abandonó la carrera de Medicina sin llegar a graduarse, dedicándose al estudio de los textos de Euclides y Arquímedes, que Ricci había heredado de su mentor Tartaglia.

Enfrentando los recelos paternos, pronto estuvo dando clases particulares de Matemáticas en Siena y escribió su primer libro, La balancitta, sobre los fundamentos de las balanzas.

Tras su primer viaje a Roma, donde visitó a Clavius, profesor del Colegio Romano de los jesuitas, Galileo consiguió una plaza en Bolonia, gracias a la intervención del erudito.

A partir de entonces, Clavius y Guidobaldo del Monte se convirtieron en sus mentores, confidentes y amigos, con quienes intercambiaba correspondencia y debatía sus hallazgos sobre el cálculo del centro de gravedad de los cuerpos.

Del Monte lo ayudó a ser nombrado profesor de Matemáticas en la Universidad de Pisa, donde sucedió a su antiguo maestro Fantoni en la cátedra de Matemáticas. Durante esa época escribió Del movimiento, un conjunto de ensayos teóricos que nunca publicó.

El inicio de su exitosa carrera se vio ensombrecido por las intrigas de Juan de Médicis, que lo forzaron a dimitir. Poco después murió su padre.

A los 27 años, Galileo tuvo que afrontar el sustento de su familia en una lamentable situación económica; en particular, se vio obligado a pagar las dotes matrimoniales de sus dos hermanas.

Recurrió nuevamente a del Monte, quien lo propuso como profesor en la República Independiente de Venecia, cobrando un salario tres veces superior al que percibía en Pisa.

Las dos mejores décadas de su vida transcurrieron en un ambiente alejado de la férrea censura pontificia y las penurias económicas, como instructor en la Universidad de Padua, que años antes acogiera como alumno a Copérnico.

Galileo Galilei era alto, corpulento, con ojos de mirar profundo, expresión decidida y seguro de sí mismo. Le gustaba realizar paseos campestres con sus amigos.

Una tarde muy calurosa de 1594, en una casa cercana a Padua, él y dos amigos tomaron una siesta, con ropa ligera para soportar el calor. Un criado abrió una ventana y, al desencadenarse una tormenta, se produjo un descenso brusco de la temperatura.

Los tres amigos, profundamente dormidos, no lo advirtieron, despertando con fiebre y dolores. Uno murió días después y el otro perdió el oído, no sobreviviendo mucho tiempo. Galileo, de 30 años, adquirió un severo reumatismo que sufrió el resto de su vida.

En Padua se dedicó a desarrollar aspectos de ingeniería. Escribió dos tratados sobre la construcción de fortalezas y era consultado por el gobierno veneciano sobre erección de edificios y otras obras.

Una de sus pasiones fue diseñar y construir diversos artilugios, como un elevador de agua, una prensa hidráulica, una balanza hidrostática y un método para determinar las longitudes en el mar.

El diseño de instrumentos y la enseñanza particular a los hijos de sus ilustres mentores le proporcionaron recursos extras para afrontar sus cuantiosos gastos de cortesano.

La vida le sonreía y en un viaje a Venecia conoció a Marina di Andrea Gamba, bella mujer con quien entabló una relación, sin llegar a formalizar un matrimonio. Marina vivía con Galileo en Padua, donde tuvieron tres hijos: Virginia, Livia y Vincenzo.

Aunque en las actas de bautizo no se menciona a Galileo como padre, su situación doméstica era feliz excepto cuando los visitaba su madre Giulia, quien no veía con buenos ojos esa unión.

Con su nueva familia, el científico tuvo que dar más clases, pedir anticipos de sueldo y solicitar préstamos. Comenzó a trabajar en el movimiento de los cuerpos en planos inclinados y la ley del péndulo.

Su interés por las técnicas de cálculo le llevó a construir y comercializar un compás geométrico y militar. Editó un tratado sobre el modo de apuntar las armas de fuego y la triangulación, que Baldassare Capra le plagió editándolo en latín. Tras ese litigio, comenzaron sus reservas para publicar.

Galileo Galilei dirigió por primera vez su atención a los cielos en 1604, cuando apareció una brillante estrella en la constelación de Sagitario, hoy conocida como “la supernova de Kepler”. El fenómeno era un duro golpe a la inmutabilidad de los cielos sostenida por Aristóteles y las enseñanzas de la Iglesia.

El científico, de 40 años, aprovechó la ocasión para dar tres exitosas conferencias públicas sobre la nueva estrella. Dijo que el cielo no podía ser inalterable y acusó a los peripatéticos de sostener ideas equivocadas.

Se declaró partidario del sistema de Copérnico, atacando a Aristóteles y Ptolomeo. Pese a la liberalidad de la República Veneciana, atrajo muchos enemigos entre sus colegas científicos y el alto clero.

No se sabe con certeza quien inventó el telescopio, excepto que fueron los holandeses. En junio de 1609 llegó a Venecia la noticia del novedoso instrumento que aproximaba los objetos.

Sin haber tenido la oportunidad de ver un telescopio, Galileo decidió construir uno. Basándose en descripciones y su conocimiento sobre lentes, poco a poco fue perfeccionando su anteojo.

El 21 de agosto de 1609 se lo presentó al duque de Venecia y altos dignatarios de la corte. Desde el campanario de San Marcos, pudieron ver cosas imposibles de apreciar a simple vista.

La admiración causada por el anteojo y su posterior donación al duque, hicieron que le renovaran a Galileo su designación como catedrático en Padua, con un sueldo anual de 1,000 florines, jamás alcanzado por ningún profesor.

Más que la construcción del telescopio, lo que hizo famoso a Galileo fue haber dirigido su instrumento a los cielos, para desentrañar los misterios de las profundidades cósmicas.

Sus observaciones le permitieron obtener resultados asombrosos. Descubrió los cráteres y montañas de la Luna y cuatro satélites de Júpiter; describió la extraña forma de Saturno, intuyendo los anillos que su telescopio no alcanzaba a ver; consiguió explicar las fases de Venus y la composición estelar de la Vía Láctea; describió por primera vez las manchas solares.

Recopiló sus observaciones astronómicas en El mensajero celeste, que causó gran conmoción en el ambiente científico de la época. Muchos negaron sus descubrimientos, otros los denunciaron como falsos y Cremonio se negó a mirar a través del anteojo.

El éxito del polémico libro incrementó el prestigio de Galileo, que en 1610 obtuvo el máximo rango de profesor en la Universidad de Pisa y el cargo de matemático y filósofo personal del gran duque de Toscana, Cósimo II de Médicis.

Se mudó con sus hijas Virginia y Livia a la corte de la familia Médicis en Florencia y dejó al pequeño Vincenzo con Marina Gamba en Padua.

Poco después, decidió poner a sus hijas en un convento. Los arreglos tardaron varios años, ya que ellas eran demasiado jóvenes para tomar por sí mismas la decisión.

Con ayuda de su amigo el cardenal Maffeo Barberini, obtuvo la dispensa necesaria y las niñas fueron aceptadas en el convento de San Matteo, en la cercana población de Arcetri. Virginia se convirtió en Sor María Celeste y Livia en Sor Arcángela.

Las monjas eran muy pobres. María Celeste le escribió a su padre que el pan era duro, el vino agrio y que comían carne de buey. Galileo ayudó a reparar las ventanas y el reloj conventual.

Galileo Galilei viajó a Roma en 1611. Fue recibido con honores y encumbrado por los astrónomos pontificios. El papa Pablo IV no le permitió arrodillarse ante su presencia.

También captó el interés del cardenal Bellarmino, defensor de la contrarreforma, quien solicitó a Clavius un informe detallado sobre los hallazgos de Galileo, así como la opinión oficial del Colegio Romano sobre sus observaciones. Clavius envió un informe, sin incluir ningún comentario.

Marina Gamba, madre de sus hijos, se casó con Giovanni Bartoluzzi en 1613. Vincenzo, de siete años, se reunió en Florencia con Galileo, quien consiguió que el niño fuera legitimado por el gran duque de Toscana.

La razón del trato desigual fue que era incapaz de proveer dotes suficientemente grandes para que sus hijas se casaran de acuerdo a su importancia en la corte de los Médicis. En cambio, con su hijo no tenía esa obligación financiera.

María Celeste le pedía ayuda frecuentemente, pero también ofrecía gran consuelo para Galileo. Pese a estar siempre enferma, trataba de sobrellevarlo con dignidad y coraje, preocupándose por mitigar las dificultades entre su padre y su hermano Vincenzo.

Galileo siguió publicando textos sobre astronomía. Su actividad frenética, el caudal de reconocimientos que recibía y su carácter irascible, propenso a descalificar a sus oponentes con saña, le granjearon muchos enemigos, dispuestos a denunciar cualquier afirmación contra la teoría aristotélica, doctrina oficial de la curia romana.

En Florencia tuvo el primer conflicto con la Iglesia. Utilizaba sus descubrimientos astronómicos para la causa heliocéntrica de Copérnico, manteniendo que el Sol está en el centro de las órbitas, así como que la Tierra rota sobre sí misma y alrededor de aquel. Esto desató la ira de los teólogos.

Aunque parecía contar con el apoyo de la comunidad científica europea, los matemáticos Combe, Lorini y Caccini emprendieron una feroz persecución de su obra.

En una célebre carta dirigida a la duquesa Cristina de Lorena, Galileo afirmaba que muchos pasajes la Biblia no podían tomarse en sentido literal y defendía los principios de la libertad de pensamiento, sosteniendo que los teólogos no deberían inmiscuirse en cuestiones científicas que ignoraban.

El dominico Tomás Caccini lo denunció ante el Tribunal de la Inquisición en 1615. Galileo acudió a Roma a defender sus puntos de vista. Tenía esperanzas de convencer a los teólogos, pero sus argumentos resultaron inútiles.

La curia romana, en lucha contra la rebelión luterana y calvinista, encontró ajenas a la doctrina católica las ideas de Copérnico y condenó su difusión.

En 1616 se incluyeron en el Índice de libros prohibidos todas aquellas obras en que se defendiera el movimiento terrestre o la inmovilidad del Sol.

Ese mismo año, el cardenal Bellarmino le advirtió que dejara de enseñar la teoría de Copérnico, contraria a las Sagradas Escrituras. Luego comunicó al Santo Oficio que Galileo había sido informado de la decisión del papa y la acataba. El científico regresó a Florencia sin pena personal, pero derrotado en sus convicciones.

El cardenal Barberini, amigo de Galileo Galilei, subió al trono pontificio con el nombre de Urbano VIII en 1623. El científico consideró que le permitiría escribir nuevamente sobre el tema en controversia.

Acudió a Roma y se entrevistó con el nuevo papa, a quien había dedicado su librito El ensayador. Recibió permiso para publicar un nuevo tratado, que redactaría bajo la supervisión del pontífice.

Lo escribió en su nueva villa en Arcetri, cerca del convento San Matteo donde estaban sus hijas. Desde la casa podía verlo y escuchar sus campanas.

En 1632, tras hacer algunos cambios requeridos, Galileo obtuvo la autorización del inquisidor para publicar el libro, donde exponía el punto de vista de Copérnico en una discusión sobre los méritos de su sistema y el de Ptolomeo.

La obra organiza las teorías de Galileo, eludiendo toda controversia religiosa. En Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo, tres interlocutores: Sagredo, Simplicio y Salvati, dialogan sobre las dos concepciones del Cosmos.

La aristotélica oficial es presentada con tosquedad por Simplicio, quien no cuestiona las verdades inmutables del sistema ptolemaico. Es refutado por Sagredo y Salvati mantiene una actitud prudente, abriendo el debate con sus preguntas, presuntamente ingenuas.

Su publicación despertó un interés desmedido de la comunidad científica internacional, pero los enemigos de Galileo convencieron al papa Urbano VIII sobre su intención de ridiculizarlo, al identificarlo burlonamente con el personaje de Simplicio.

El pontífice cambió su actitud. Los ejecutores del Tribunal de la Inquisición prohibieron la edición o distribución de la obra y llamaron a Galileo Galilei a Roma, iniciando un proceso en su contra.

El proceso empezó en abril de 1633. A Galileo, viejo y enfermo, lo mantuvieron confinado unos meses, pero carecían de pruebas contra él.

Luego encontraron la nota de 1616, la cual afirmaba que el científico había accedido a no continuar sustentando, enseñando, ni defendiendo las teorías de Copérnico de ninguna manera.

Se le acusó de incumplir la prohibición del Santo Oficio y el veredicto del Tribunal de la Inquisición fue de “vehemente sospecha de herejía”.

Aunque no fue torturado ni estuvo jamás en las cárceles de la Inquisición, tuvo que abjurar públicamente de su concepción heliocéntrica.

El 22 de junio de 1633, a los 69 años, fue llevado al Convento de Santa María Sopra Minerva ante los Cardenales Inquisidores Generales. De rodillas, fue obligado a confesar. Entre otras cosas, dijo lo siguiente:

“Este Santo Oficio ha mandado judicialmente que abandone la falsa opinión que he sostenido, de que el Sol está en el centro del Universo e inmóvil; que no profese, defienda ni, de cualquier manera que sea, enseñe, ni de palabra ni por escrito, dicha doctrina, prohibida por ser contraria a las Sagradas Escrituras.

Abjuro, maldigo y detesto los mencionados errores y herejías, y en general cualesquiera otros errores contrarios a la Santa Iglesia, y juro nunca más decir ni afirmar de palabra ni por escrito cosa alguna que pueda despertar semejante sospecha contra mí.”

Cuenta la leyenda que, inmediatamente después de decir y firmar su confesión, Galileo exclamó, refiriéndose a la Tierra: “Eppur si muove“… ”Y sin embargo, se mueve”.

La confesión fue leída desde los púlpitos en toda Italia y hecha pública como aviso. Ninguno de sus amigos osó defenderlo. Su libro fue incluido en el infame índice, en el que permaneció, junto al de Copérnico y otro de Kepler, hasta 1835.

Tras la condena, la comunidad científica se vio obligada a ocultar sus trabajos o a interesarse en temas ajenos a la interpretación de los Testamentos.

Con permiso de la Inquisición, Galileo pudo trasladarse a su villa en Arcetri, bajo custodia. No podía recibir visitas, discutir sus ideas, hacer reuniones, ni salir.

Luego se le permitió que lo acompañaran sus discípulos Vincenzo Viviani y Evangelista Torricelli. Fueron años difíciles para Galileo, quien enfermó de una hernia y no obtuvo permiso para visitar a sus médicos en Florencia.

Parte de la sentencia que recibió era recitar los siete salmos penitenciales, una vez por semana durante tres años. Su hija Sor María Celeste, quien siempre le escribía, le horneaba pasteles y trataba de consentirlo, decidió hacer esa penitencia por él.

No pudo cumplirla, ya que murió cuatro meses después de que Galileo regresara a Arcetri. Su muerte dejó profundamente abatido al científico. Para colmo, a los 73 años se quedó ciego.

Recluido a perpetuidad, se sobrepuso para redactar, con el apoyo de Viviani y Torricelli, Discursos y demostraciones matemáticas relativas a dos nuevas ciencias, considerada su máxima obra.

Discute la resistencia de materiales, los problemas de la velocidad de la luz, la cinemática, la caída de los cuerpos y el lanzamiento de proyectiles; presenta un estudio sobre el centro de gravedad de algunos sólidos y establece en forma clara el principio de inercia.

El manuscrito fue confiado al embajador del rey Luis XIII de Francia, el duque de Noailles, quien lo sacó clandestinamente de Italia y lo remitió a Leiden, en la Holanda protestante, donde fue impreso en1638.

Galileo Galilei murió a las cuatro de la madrugada del 8 de enero de 1642, poco antes de cumplir los 78 años de edad.

En 1992, 350 años después de su muerte, el papa Juan Pablo II declaró a Galileo inocente.

Investigación y guión: Conti González Báez