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Luz Portilla
Luz Portilla
Diciembre 16, 2019

¿Cuál es el origen del árbol de Navidad?
Publicado: Diciembre 16, 2019

Mucho antes del advenimiento del Cristianismo, las plantas que permanecían verdes todo el año tenían un significado especial durante el invierno.

En la Antigüedad, la gente colgaba en puertas y ventanas ramas de siemprevivas, plantas de hojas perennes. Se creía que alejaban a brujas, fantasmas, malos espíritus y enfermedades.

En el hemisferio Norte, el día más corto y la noche más larga del año cae el 21 o 22 de diciembre; es el solsticio de invierno. Muchas civilizaciones antiguas creían que el Sol era un dios y el invierno llegaba debido a que se enfermaba y debilitaba.

Celebraban el solsticio, el cual significaba que comenzaba a aliviarse. El verdor de las hojas de siemprevivas les recordaba que las plantas crecerían de nuevo cuando el Sol estuviera fuerte y regresara el verano.

Los antiguos egipcios adoraban a Ra, quien tenía cabeza de halcón y usaba al Sol como un disco resplandeciente en su corona. En el solsticio, cuando el dios empezaba a recuperarse, llenaban sus casas con brotes verdes de palmera, que simbolizaban el triunfo de la vida sobre la muerte.

Los primeros romanos marcaban el solsticio con una fiesta llamada Saturnalia en honor de Saturno, dios de la agricultura. Significaba que pronto granjas y huertos estarían verdes y llenos de frutos. Decoraban hogares y templos con ramas de siemprevivas.

En el Norte de Europa, los misteriosos druidas, sacerdotes de los celtas, también decoraban sus templos con siemprevivas, símbolo de la vida eterna. Los vikingos escandinavos pensaban que eran las plantas especiales del dios Sol, Balder.

Se le atribuye a Alemania haber iniciado la tradición del árbol de Navidad. Durante el siglo XVI, los devotos cristianos empezaron a colocar árboles decorados en sus hogares.

El reformador protestante Martín Lutero fue el primero en poner velas encendidas a un árbol. Cuenta la leyenda que, caminando a casa una

noche de invierno, fue sorprendido por el brillo de las estrellas, destellando entre los árboles cercanos.

Para reproducir la bella escena a su familia, colocó un árbol en la habitación principal de la casa e instaló alambres en sus ramas sosteniendo velas encendidas, simulando el cielo navideño.

Otra leyenda dice que los alemanes combinaron dos antiguas costumbres: el Árbol del Paraíso, abeto decorado con manzanas que representaba al Árbol del Conocimiento en el Jardín del Paraíso y la Luz de Navidad, pirámide decorada con esferas de vidrio, oropel y una vela en la punta, símbolo del nacimiento de Cristo como la Luz del Mundo.

Las mamás alemanas decoran secretamente el árbol de Navidad o Tannenbaum con luces y otros adornos. Lo encienden en Nochebuena, cuando los niños descubren galletas, nueces y regalos bajo sus ramas.

Los colonos alemanes llevaron los primeros árboles navideños a los Estados Unidos de América, pero eran vistos como una rareza por los puritanos de Nueva Inglaterra.

Para ellos, la Navidad era un evento sagrado. Se esforzaron por suprimir la “burla pagana”, castigando frivolidades como villancicos, árboles decorados y cualquier otra expresión de alegría.

La Corte de Massachusetts promulgó una ley que convertía cualquier celebración navideña, excepto acudir a misa, en ofensa penal; había multas por colgar decoraciones navideñas. En el siglo XIX desapareció el solemne legado puritano.

La reina Victoria y el príncipe Alberto aparecieron en un dibujo de una revista londinense posando con sus niños alrededor de un árbol de Navidad. Ella era muy popular entre sus súbditos y lo que hacía se ponía de moda en el Reino Unido y sus colonias. Así, por fin se adoptó el árbol navideño en los Estados Unidos.

En vez de usar árboles de poco más de un metro de altura como los europeos, los estadounidenses preferían que llegaran hasta el techo. A principios del siglo pasado, los decoraban con adornos hechos en casa, tiras de palomitas de maíz teñidas de colores brillantes, bayas y nueces.

La electricidad trajo consigo las luces navideñas, iluminando mágicamente los árboles de Navidad, que salieron de las casas para

instalarse en los centros de pueblos y ciudades. La idea de usar focos eléctricos se le ocurrió a Edward Johnson, asistente del inventor Thomas Alva Edison.

Durante el siglo XX, el árbol de Navidad se convirtió en una tradición en los Estados Unidos, que fue adoptada poco a poco en otros países americanos, como sus vecinos Canadá y México.

En los hogares de nuestro país, el árbol de Navidad se decora tradicionalmente con esferas multicolores, de preferencia fabricadas por artesanos mexicanos, y se coloca una estrella en su punta.

En el Reino Unido es tradicional el abeto noruego, una especie nativa de las islas británicas antes de la última Edad de Hielo, que fue reintroducida alrededor del año 1500.

En Irlanda, los árboles son adornados con luces de colores, figuras de oropel y un ángel en la punta. En la puerta de las casas se coloca una rama de muérdago y si una pareja coincide al estar parada debajo, tiene que besarse. Esto se presta a divertidas maniobras para colocarse junto a la persona deseada.

Los noruegos escogen su árbol en el bosque. El día de Nochebuena, los padres lo decoran y los niños esperan afuera de la casa. Cuando éstos entran emocionados a verlo, todos participan en el ritual de tomarse las manos y caminar alrededor cantando villancicos. Después se reparten regalos.

Los suecos compran su árbol con anticipación, pero lo dejan fuera de casa y lo meten poco antes de la Nochebuena. Lo decoran con estrellas, rayos de sol y copos de nieve hechos con paja, así como con animalitos de madera.

En Groenlandia todos los árboles son importados, ya que ninguna especie crece tan al Norte. Se decoran con velas y adornos brillantes. En Brasil la Navidad cae en pleno verano, por lo que utilizan copos de algodón para simular la nieve.

Los árboles de Navidad también son símbolo de hermandad entre los pueblos. Desde 1947, la gente de Oslo, Noruega, regala un árbol a Westminster, Inglaterra, como expresión de gratitud por su ayuda durante la Segunda Guerra Mundial.

El árbol es un abeto noruego de entre 50 y 60 años, con más de 20 metros de altura. Se selecciona cuidadosamente en los bosques que rodean Oslo varios meses, incluso años, de antemano. Los

trabajadores forestales noruegos que lo cuidan lo describen, con cariño, como ‘la reina del bosque’.

Se tala en noviembre, durante una ceremonia en la que participan el lord mayor de Westminster, el embajador británico en Noruega y el alcalde de Oslo. Es llevado al Reino Unido por mar y luego completa su viaje en camión.

Un equipo especializado lo erige en Trafalgar Square, con una grúa hidráulica. El de 2019 mide 25 metros y fue encendido el pasado 5 de diciembre. Está decorado al estilo tradicional noruego, con hilos verticales de luces; hoy se utilizan bombillas de bajo consumo.

Todos los días hay grupos corales, profesionales y amateurs, cantando temas navideños. El árbol de Navidad permanece en la plaza hasta el Día de Reyes, cuando es desmontado y llevado a reciclar, como composta.

Una vez más, te recordamos que un árbol de Navidad artificial puede utilizarse durante varios años, pero al desecharlo no se descompondrá en siglos y contaminará a nuestro planeta.

Prefiere uno natural, de un vivero dedicado a eso. No lo tires en el camión de la basura o, peor aun, en la calle. Busca un centro de acopio, donde se reciclará para fabricar composta; algunos ofrecen a cambio un arbolito o una planta viva para sembrar en casa.

Investigación y guion: Conti González Báez