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BLOG: Opciones de Vida
Carlos Gil
Carlos Gil

Especialista en Programación Neurolingüística

Febrero 28, 2017

Lo esencial de Nikola Tesla (Parte 1)
Publicado: Febrero 28, 2017

Nació en Smiljan, actual Croacia en 1856. Físico estadounidense de origen serbio. Estudió en las universidades de Graz (Austria) y Praga. Después de haber trabajado en varias industrias eléctricas en París y en Budapest, se trasladó a Estados Unidos (1884), donde trabajó a las órdenes de Thomas A. Edison, entonces partidario de la corriente eléctrica continua. Murió en Nueva York en 1943.

Ansiamos nuevas sensaciones pero enseguida nos volvemos indiferentes a ellas. Las maravillas del ayer son los sucesos corrientes de hoy.

La mayoría de las personas están tan absortas en la contemplación del mundo exterior que son totalmente ajenas a lo que está pasando dentro de sí mismas.

Desde la infancia me veía obligado a concentrar mi atención más allá de mí mismo. Esto me causaba mucho sufrimiento, pero, tal y como lo veo ahora, fue una bendición disfrazada, puesto que me enseñó a apreciar el valor inestimable de la introspección a la hora de preservar la vida, y cómo modo de progresar.

El desarrollo progresivo del hombre depende vitalmente de la invención; es el producto más importante de su cerebro creativo. Su propósito último es el dominio completo de la mente sobre el mundo material, el aprovechamiento de las fuerzas de la naturaleza para las necesidades humanas. Ésta es la difícil tarea del inventor, a quien a menudo no se comprende ni se recompensa. Pero él encuentra amplia compensación en el agradable ejercicio de sus poderes y en la conciencia de pertenecer a esa clase excepcionalmente privilegiada, sin la cual la raza habría perecido hace tiempo en la amarga lucha contra los elementos inclementes.

Siempre que el organismo se halle en perfecto orden, responderá con precisión a los agentes que lo impulsan, pero en el momento en que se produzca cualquier desequilibrio en cualquier individuo, su poder autopreservador queda dañado.

Pero el instinto es algo que trasciende el conocimiento. Tenemos, sin duda, algunas fibras de lo más sutiles que nos permiten percibir verdades cuando la deducción lógica o cualquier otro esfuerzo obstinado del cerebro son vanos. Se me considera uno de los trabajadores más dedicados y si el pensamiento es un equivalente de la tarea quizá lo soy, pues a él he consagrado casi todas mis horas de vigilia. Pero si el trabajo se interpreta como un rendimiento determinado durante un tiempo específico de acuerdo con una regla rígida, entonces puede que yo haya sido el peor de los haraganes.

Tenía una verdadera obsesión por terminar cualquier cosa que hubiera comenzado, lo que a menudo me ponía en dificultades. En una ocasión, había empezado a leer las obras de Voltaire, cuando averigüé, para mi desmayo, que eran casi cien volúmenes de letra diminuta, que aquel monstruo había escrito mientras bebía setenta y dos tazas de café negro al día. Había que hacerlo, pero cuando aparté de mí el último libro, me alegré mucho y dije: ¡Nunca más!

Establecer relaciones pacíficas permanentes entre las naciones sería la manera más efectiva de reducir la fuerza que retarda a la masa humana, así como la mejor solución a este gran problema de los humanos. Pero ¿se realizará jamás el sueño de la paz universal? Esperemos que sí. Cuando toda la oscuridad se haya disipado a la luz de la ciencia, cuando todas las naciones se hayan fundido en una, y el patriotismo sea idéntico a la religión, cuando sólo haya una lengua, un país, un fin, entonces, el sueño se habrá hecho realidad.

¡Señorita! Nunca confíes en un Judío!

“Prácticamente todos las grandes proezas del hombres hasta ahora han sido inspiradas por el amor y devoción hacia las mujeres, el hombre ha logrado hazañas porque alguna mujer creía en él, porque el deseaba recibir la admiración y respeto de ella, por estas razones luchó por ella y arriesgó su vida y todo su ser por ella una y otra vez.

Cuando la técnica inalámbrica se aplique a la perfección, toda la tierra se convertirá en un enorme cerebro –en realidad, lo es–; y todas las cosas serán partículas de un todo genuino y rítmico. Podremos comunicarnos los unos con los otros de manera instantánea, independientemente de la distancia. No sólo ésto, sino que a través de la televisión y la telefonía podremos vernos y oírnos tan perfectamente como si estuviéramos cara a cara, a pesar de que las distancias que medien sean de miles de kilómetros. Los instrumentos mediante los cuales seremos capaces de hacer esto resultarán pasmosamente simples en comparación con nuestro teléfono actual. Se podrán llevar en el bolsillo del chaleco. Todas las vías férreas se electrificarán y, si hay suficientes museos para conservarlas, a ojos de nuestra posterioridad inmediata las locomotoras de vapor serán antigüedades grotescas.

Quizá la aplicación más valiosa de la energía inalámbrica vaya a ser la propulsión de máquinas voladoras, que no utilizarán combustible y que estarán exentas de las limitaciones de los aviones y dirigibles actuales. Iremos de Nueva York a Europa en pocas horas. En gran medida, las fronteras internacionales quedarán abolidas y se habrá dado un gran paso hacia la unificación y la existencia armoniosa de las diversas razas que habitan el globo.

La tecnología inalámbrica no sólo hará posible suministrar energía a una región, por inaccesible que sea, sino que será eficaz desde un punto de vista político, pues armonizará los intereses internacionales; creará entendimiento en vez de diferencias.

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