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BLOG: Opciones de Vida
Carlos Gil
Carlos Gil
Especialista en Programación Neurolingüística
Enero 17, 2017

Enfréntate al miedo
Publicado: Enero 17, 2017

TOMADO DEL LIBRO ENFRÉNTATE AL MIEDO.
CAMINOS DEL GUERRERO PARA SUPERAR EL TEMOR.
DE JORGE CANTERO, EDITORIAL VERGARA.

 

El miedo es probablemente una de las emociones más penosas que pueden experimentarse. Cuando entra en nosotros, temblamos, sufrimos y nos llenamos de duda. Con su llegada, nuestra mente anticipa miles de consecuencias negativas y nos convence de lo peor, embargándonos de inquietud. El miedo debilita, nos hace
sentir pequeños, débiles, indefensos, tímidos o peor aún, cobardes, cosa que además, como si todo lo anterior no fuera suficiente, lástima irremediablemente la autoestima de cualquiera.

Sin una razón valiosa por la cual luchar, el miedo vence al ser humano. Siempre ha sido igual. La única forma de trascender el miedo, es justamente encarándolo, y sólo a través de la herramienta del valor tal deseo es posible.

El miedo es una emoción natural, engranada en los circuitos más esenciales de nuestro cerebro, y por lo tanto no se le puede vencer frontalmente. No se le puede erradicar.

Sólo una persona que se siente absolutamente orgullosa de sí misma, de ser quien es, de creer en las cosas que cree, tiene las herramientas para seguir adelante pese a la adversidad, pese al miedo. Y sólo una persona llena de propósito, orientada a trabajar día con día por las mejores razones, actuando de manera correcta, por el bien suyo y el de los demás, puede sentirse verdaderamente orgullosa de sí misma.

Dejen de luchar contra sus emociones. No pueden vencerlas, no pueden evitarlas. Pero los seres humanos somos mucho más que emociones. Es nuestra bendición y maldición. Es cierto, no podemos evitar nuestras emociones, pero si podemos cambiar nuestros pensamientos. Si cambiamos nuestros pensamientos, podemos alterar lo que sentimos… Y si modificamos nuestros sentimientos, en verdad, dar un giro de 180 grados a nuestra conducta apenas es un detalle.

Hay que insistir en ello: el miedo es favorable. Sin él, el hombre, como cualquier otro animal, se pasaría en la vida -y sería corta sin duda- exponiéndose a peligros que bien podría evitar con poca dificultad o esfuerzo. Al ser una señal de alerta, nos ayuda a sobrevivir en un mundo lleno de riesgos. En realidad es tan malo no tener miedo en lo absoluto como lo sería tenerlo en exceso, o peor aún, temer a las cosas equivocadas.

El miedo, efectivamente, es sólo uno, por eso no hay categorías. El miedo a morir, porque somos incapaces de controlar el mundo que nos rodea. El bebé lo sabe, ¿lo recuerdan? Nace y se reconoce absolutamente vulnerable. Y por más que hacemos los adultos, por más que refinamos nuestros mecanismos de defensa y ampliamos nuestro conocimiento, la inevitabilidad de esa vulnerabilidad nos persigue a todos lados que vamos. Algún día, más tarde o temprano, vamos a perder. Todo se acaba. Todos moriremos.

El budismo zen habla constantemente de nuestra necesidad de romper la “ilusión de control”, que no es otra
cosa sino nuestro inútil intento de controlar todo aquello que no nos corresponde controlar. El cambio de las
estaciones no está en nuestras manos. Tampoco el frío que sentimos en el invierno o el dolor que nos quiebra por dentro ante la muerte de un ser querido. Somos impotentes ante un aneurisma o un cáncer terminal que crece nuestro páncreas. El mundo está lleno de riesgos, y nuestra mente lo sabe. Por eso tienes miedo. Y el miedo es razonable, por supuesto que sí. ¿Quién no teme a sufrir y morir? Tenemos miedo al caos y a perder el control. “No quiero ser víctima de algo externo sobre lo cual no tengo el control”, y por eso nos apegamos a mecanismos de afrontamiento que terminan por ser infructíferos. Por eso huimos y nos paralizamos, porque no aceptamos la realidad.

Sin embargo, el ser humano no es un perfecto inútil. Si existe algo que podemos controlar; algo que debemos controlar. Nuestra conciencia… Y la vía es a través del carácter.

Hemos llamado al carácter aparato de integración y regulación, y eso es justa mente lo que es. Un aparato mental que se vale de las enseñanzas de las figuras parentales, del propio aprendizaje, y del apropiamiento de virtudes que elevan y perfeccionan al individuo, para poner orden en su conciencia, haciendo uso de la voluntad.

Martin Seligman dice: cuando el bienestar procede del empleo de nuestras fortalezas y virtudes, nuestras vidas quedan imbuidas de autenticidad (…) La “vida placentera” puede encontrarse tomando champán y conduciendo un Porsche, pero no la buena vida. Yo diría que la buena vida consiste en emplear las fortalezas personales todos los días para lograr una felicidad auténtica y abundante gratificación.

El árbol más grande no crece de un día para otro. Tampoco lo hace en una dirección predefinida. Su crecimiento sigue un proceso, y aunque le toma muchos años, al final termina por desarrollar un tronco fuerte y ramas luminosas. Como el árbol, que orientan su crecimiento hacia el sol, sin importar donde sea que éste se encuentre, tú orienta tu vida hacia tu ideal y confía en el proceso de tu vida. Paso a paso, momento a momento, irás acercándote a él, porque es único y vale la pena. No te rindas, esfuérzate a cada instante. Cuando caigas, levántate, y cuando tengas miedo, sé fiel a ti mismo. El camino, decía el poeta, se hace al andar… No lo olvides.

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